Se puede definir como voto electrónico: el voto por internet, el voto en dispositivos electrónicos (de forma presencial) y por último, el recuento digitalizado de los votos. Cada una de estas variantes, entraña sus riesgos.

 

Recientemente, ha sido palpable la influencia que pueden tener los hackers en los procesos electorales. Por lo que ha adquirido protagonismo la ciberseguridad y el papel que puede jugar en este contexto, ya que puede influir en varios niveles: electores, maquinaria electoral, los registros electorales, candidatos, el recuento, las transmisión de datos, resultados…

 

Un ejemplo de actualidad son las elecciones a la Casa Blanca, en la que ha quedado cuestionada la fiabilidad del sistema de votación electrónica y se ha abierto un debate sobre su seguridad.


Los expertos hablan sobre lo complejo de hacer que el voto electrónico cumpla con las garantías que ofrece un sistema tradicional.

 

Pros y contras del voto electrónico:

 

Los argumentos a favor de esta práctica son que puede ayudar a:

  • Facilitar al ciudadano la posibilidad de participación
  • Reducir la abstención
  • Dar acceso a personas con problemas de movilidad o residentes en el extranjero
  • Reducir los costes del proceso

 

Sin embargo, como comentamos anteriormente los entendidos al respecto, son poco optimistas. Muchos opinan que el voto electrónico es poco fiable e inseguro. 

 

Barbara Simons, científica computacional pionera en IBM Research, afirma: «No es que no me guste la informática o no me gusten los ordenadores. Quiero decir, soy una científica informática. Muchos de los principales oponentes de las máquinas de votación sin papel eran, y siguen siendo, informáticos, porque entendemos la vulnerabilidad del equipo de votación de una manera que la mayoría de los funcionarios electorales no tienen. El problema con la ciberseguridad es que tienes que protegerte contra todo, pero tu oponente solo tiene que encontrar una vulnerabilidad».

 

Por su parte, Ángel Valencia, catedrático de Ciencia Política y de la Administración de la Universidad de Málaga, nos dice que: «El principal problema es la posibilidad de que exista un ataque informático, de tal manera que eventualmente puedan manipularse los resultados”.

 

Otro de los inconvenientes del voto electrónico es conseguir la anonimización del voto y el controlar y/o auditar el sistema. Estos suelen ser los puntos débiles de las herramientas digitales de votación.

 

El abogado especializado en tecnología, Sergio Carrasco, comenta: “Es muy complicado anonimizar un sistema de voto electrónico de tal modo que sea imposible que nadie pueda saber quién es la persona que ha votado y a que candidatura ha ido su apoyo. Mientras eso no se consiga llegar a este nivel, no podemos hablar de un sistema 100% fiable. La anonimización es un asunto clave porque en ella se basa la libertad total de voto que debe ofrecer todo sistema democrático”

 

Otro de los retos a los que nos enfrentamos con este tipo de sistemas electorales es el  de la vigilancia de la privacidad, seguridad y protección de datos personales, como el derecho a un voto secreto. En muchos casos, estos métodos recogen mucha información del votante para poder asegurar un voto único, tener acceso a esta información podría propiciar el abuso de poder en algunos contextos políticos.

 

La confianza también es una pieza clave , ya que los ciudadanos no comprenden bien qué se hace con su voto. En este sentido, va la sentencia del Tribunal Constitucional de Alemán que declaró inconstitucional las urnas electrónicas en 2009, no por apreciar problemas de seguridad, sino por que no respeta dos pilares básicos: la votación debe ser pública y los ciudadanos tienen que poder entender lo que sucede con su voto.

 

El futuro del voto electrónico:

 

Algunas instituciones, como la Fundación Internacional de Sistemas Electorales (IFES) y la Comisión Europea, velan por proteger los procesos electorales de posibles ciberataques.

 

Alguna de las medidas aconsejadas por la Comisión Europea son: 

  • Procurar definir de un enfoque unificado que garantice la integridad de los datos (por ejemplo, sistemas de encriptación)
  • Mantener el control de la cadena de suministros tecnológicos
  • Realizar  pruebas piloto antes de la implantación de este tipo de sistemas 
  • Protección frente a ataques de DDoS
  • Vigilancia del control del acceso a los sistemas
  • Medidas que garanticen la integridad y seguridad en la transmisión de los datos

 

El editor de Malaprensa, Josu Mezo, llega a la siguiente conclusión, sobre el voto electrónico: «El principal problema es que no es seguro, y aunque fuera 100 % seguro, para el 99,99 % de la población esta seguridad se basaría en un voto de confianza completamente ciego. Aunque el mejor grupo de ingenieros del mundo asegurasen su fiabilidad, no dejaríamos de estar confiando en ellos, creyendo además que no se les haya pasado nada y que no haya alguien más listo que ellos. ¿Y todo para qué? Porque el voto electrónico tendría un coste enorme y no sabríamos muy bien qué ganamos».

 

Aunque el voto electrónico se impondrá, tarde o temprano, la reflexión queda abierta. A día de hoy: ¿necesitamos la implementación del voto electrónico?. La respuesta no está demasiado clara.